lunes, 28 de enero de 2008

Revisiones

Culiacán, Sinaloa. Enero 27 del 2008.
A DOS DE TRES

Marisa Pineda

El hombre llegó a la sala de revisión, tomó su lugar en la fila y colocó en un pequeño contenedor sus objetos personales. De las bolsas del pantalón salieron: un teléfono celular, unas llaves, una cartera, papeles y un paquete, ya abierto, de chicles. Se quitó el cinturón, el reloj, unas esclavas, un reloj y una cadena que fueron a dar con las demás pertenencias. En lo que la cajita de plástico con sus cosas circulaba frente a la máquina de rayos equis, el señor aquel cruzó por el arco detector de metales, que ni ruido hizo. De pronto, un oficial con un detector portátil se acercó, muy educada y amablemente le pidió “por favor quítese los zapatos”. La cara del hombre cambió, en sus labios se dibujó una mueca que quería parecer sonrisa, con trabajo logró articular “qué…có-có…mo”. Sí, quítese los zapatos, le respondió el oficial con menos amabilidad y en tono de orden. Ahí, empezó todo.
A nadie de los formados en la cola se le escapó la acción. Miradas, elucubraciones y cuchicheos empezaron sincronizados. El hombre, nervioso, sorprendido preguntaba ¿quiere que me quite los zapatos? ¿por que?, ¿por que sólo yo? La amabilidad del guardia empezaba a ceder y categórico reiteraba “si señor, quítese los zapatos”. Pero por qué, replicaba el señor, ahora en tono de franco reclamo. “Porque es parte de la revisión”, ya para entonces no era uno, sino dos oficiales con radio en mano, además de un soldado quien, callado y a corta distancia, seguía el episodio.
Momentos antes, el hombre aquel, como todos los pasajeros que transitaban por el aeropuerto, habían tenido que abrir valijas y bolsas para que fueran espulgadas. Maletas hechas de manera minuciosa y otras al ahí se va eran tratadas por igual por aquellas manos enguantadas, que las auscultaban como si les estuvieran practicando un Papanicolau. Sin piedad, calzones, brasieres, camisetas, calcetines, zapatos y enseres personales quedaban a la vista de los vecinos de revisión.
Ahora, esos pasajeros veían como uno de ellos era separado del resto conminándolo a que se quitara los zapatos. Sólo el, nada más el, tan igual que parecía. Pantalón de mezclilla, camisa oscura, chamarra de piel, sin ninguna alhaja ostentosa, al menos no a la vista, botas de piel...¡ahaha! Botas de piel.. mhmm... capaz que anda en bajo perfil.
Para entonces el comportamiento de los de la fila había cambiado. La indiferencia había cedido, formándose dos grandes bandos; el de los que queriendo parecer discretos, revisaban sus pertenencias una y otra vez, siempre volteando para donde estaba el hombre aquel, y el de los que, en franco descaro, se habían detenido a esperar el desenlace.
Ya no había prisas. Pareciera que todos los de la cola hubieran sido avisados que sus vuelos saldrían hasta que se enteraran del final de la historia.
Una señora, muy cargada de prudencia y de instinto, con una mano agarraba su saco y sus bolsas de la banda de revisión, y con la otra prácticamente arrastraba al niñito que la acompañaba, “apúrate, camínale, no vaya a ser un narco” le advertía al chiquillo que no despegaba los ojos del hombre aquel.
“Qué traerá, por qué lo separaron de la fila”, preguntaba una muchacha a otra ¡Ay no!, tu crees, que impresión”, le contestaba.
Otros guardaban silencio, pero en sus miradas había un cierto reproche. Un señor, ya entrado en años, fue más allá al asentar “estos narcos ya nada respetan”, vio al hombre con desprecio y siguió adelante, renegando.
En tanto, el hombre aquel veía su negación llegada a su fin con la aproximación de dos uniformados más. Sus reclamos cesaron, guardó silencio y con parsimonia se agachó y bajó los cierres de las botas. Sacó un pié y fue como si empezara un striptease para el morbo. El último ápice de discreción cedió y las miradas se clavaron en los pies del tipo. El otro pie salió del calzado, los oficiales tomaron las botas, los soldados se acercaron, las vieron, bajaron la voz, cruzaron palabras que sólo ellos oyeron. Se acercaron al hombre. Callados, lo vieron, le devolvieron las botas y con un ademán le indicaron que siguiera su camino. Al resto de la fila y a los mirones les soltaron un imperativo: “avancen”.
Todos avanzaron. En el aire se escuchaba el concenso “Es que ya no se sabe”. También se oían las risas mal disimuladas al recordar la piel desnuda del hombre expuesta ante todos, asomándose pudorosa, por el hoyo del calcetín.
Moraleja: si va a viajar por avión póngale talco a los zapatos y use calcetines nuevos o, mínimo, sin hoyos.
Comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas por favor envíelas al correo adosdetres@hotmail.com
Gracias por su atención y con ello hacer que esto valga la pena. Que tenga una buena semana.




Estrenando columna

(Gracias a la amabilidad de Jorge Luis Téllez y al apoyo de Jesús Sarabia, la de la letra se estrenó como columnista en El Sol de Sinaloa. Ahora, este blog incluirá las columnas que semanalmente ahí aparecen)
Culiacán, Sinaloa. Enero 20 del 2008.
A dos de tres

Marisa Pineda

Nobleza obliga. Este espacio inicia con agradecimientos: a Jorge Luis Téllez por la amistad y la hospitalidad en las páginas que dirige. A Jesús Sarabia por la confianza, el ánimo, la complicidad y la amistad que crece. A usted, que tiene la amabilidad de leer estas líneas y con ello hace que esto valga la pena.
"Niña, dile a los señores como te llamas", ordenaba mi abuela -hace ya un buen de ayeres- con un tono suave, que contrastaba con su mirada de "¡ay! de ti que no te presentes porque en cuando se vayan te tundo". Mi abuela se fue a rendirle cuentas al Creador desde endenantes, pero en este momento se me figura que esta viéndome con aquellos ojos que les platico. Así que permítanme me presento, no vaya a ser que en la noche me jale los pies.
Me llamo Marisa Pineda, soy del mero Sinaloa. Adicta a los chocolates. Fanática de la lucha libre. Con un marcado gusto por el café, la comida chatarra (la sana también), el vino blanco, las flores, leer, la música y los viernes. También por ver televisión. En la cartelera cinematográfica la simpatía se inclina por las películas con final feliz. Creo en el poder de la fe y soy peligrosamente despistada.
Como notó, la afición por la lucha libre inspira el nombre a este espacio. A dos de tres caídas se disputan la mayoría de las luchas. A dos de tres caídas, sin límite de tiempo. A dos de tres caídas sin empate y sin indulto. A dos de tres caídas, como muchas luchas en esta vida.
"A dos de tres" es un espacio especializado en generalidades, en intrascendencias y asuntos que a nadie le importan, pero que ¡ah! como sirven para romper los silencios incómodos que se incrustan en las pláticas. Como luego dicen: el saber no ocupa lugar.
Quien les escribe pertenece a una generación privilegiada. Nos tocó ver el cambio de siglo y, por si ello fuera poco, del milenio. De la era de los pedales y las palancas pasamos a la del botonazo. Del teléfono de disco al fax y de ahí al internet. Los amigos por correspondencia se convirtieron en amigos por correspondencia electrónica y asi una interminable cadena de asuntos.
Como no son horas de ponernos nostálgicos vamos a dejar el recuento estacionado en los 80 (¡Ay moda! cuantos desfiguros cometimos en tu nombre). Década cuando el cine nos entregó a la máxima heroína que la cultura popular ha engendrado hasta hoy en este país: Lola la trailera.
Para quienes no conocen la historia, es así: Hija de un trailero, Lola tiene que hacerse cargo del negocio cuando su padre es acribillado, tras descubrir quedesleales empleados usan sus camiones para transportar droga. En lo que la huérfana recorre los caminos en su trailer blanco, aprovecha para investigar y dar con los responsables de la muerte del papá. Aclaramos; Lola no quiere venganza, quiere justicia. En eso, conoce a un honrado agente policiaco que la apoya para encontrar y castigar a los asesinos. Se enamoran, se hacen novios y juntos protagonizan, a partir de ahí, “Vuelve Lola la trailera” y “Lola la trailera contra el trailer negro”. La trilogía convierte a Rosa Gloria Chagoyán, quien encarna al personaje, en heroína de la cultura popular.
Las películas de la trailera pueden ser más malas que un licuado de leche con sandía, pero si a alguien se le ocurriera hacer su Liga de la Justicia con heroes mexicanos, junto a El Santo y El Pantera, la única mujer con méritos suficientes para alternar con ellos es Lola la trailera.
Con la llegada de los 90 llegó también el entonces llamado "Nuevo cine mexicano", los temas de las películas cambiaron drásticamente. Las nuevas propuestas cinematográficas, aunadas a un problema de salud de la protagonista, llevaron a Lola a estacionar su trailer en el garage de la historia.
Pero como en la industria del entretenimiento todo se recicla, Lola la trailera regresa.
Si. La Chagoyán ya mandó a enchular la máquina para protagonizar “Vuelve Lola la trailera”. Ahora no va al cine, sino a la pantalla chica, en un serial de televisión que iniciará en abril, en la televisión americana.
Manejando su trailer (¿volverá a ser blanco? ojalá lo pinten de rosita con plateado) Lola luchará ahora por los derechos de los latinos en la Unión Americana, defenderá a los paisanos subempleados en labores que los gringos no quieren realizar y estará presta a auxiliar a los indocumentados acechados por la border patrol.
Así como El Pantera resurgió de entre las revistas de viejo, Lola sale de entre las latas de cinta. Volveremos a escuchar el estribillo aquel “Lola, Lola la trailera, la reyna de los hombres y de la carretera…Lola, Lola la trailera, bella flor de carretera”-
(¿De quien era la música incidental de la película?... ¿Era del maestro…..! ¡Naaaah!, no creo. Vamos a corroborarlo antes de decir nada, no vaya a ser que la memoria nos juegue una mala pasada).
¿Cómo la ve?.
Antes de irnos, van los comerciales. Como toda columna que se precie de ser seria, aquí también hacemos recomendaciones y ahí le va: ¿ya visitó El Miradero?.
En adosdetres@hotmail.com se reciben comentarios, sugerencias, preguntas, felicitaciones, mentadas, invitaciones, etcétera.
Muchas gracias por su atención y con ello hacer que esto valga la pena. Que tenga una excelente semana.